Muerto, un cuerpo sin vida con un disparo en el pecho, una bala incrustada en el corazón.Un alma llena de odio, deseando venganza. Tenía que volver a nacer, necesitaba un futuro, un cuerpo para cumplir una promesa. Pasó frente a mí, él, piel blanca, respirando aire helado, rayas negras, mirada feroz, ágil y rápido, elegante, un asesino implacable, suspicaz. El arma perfecta para matar. Miré fijamente sus ojos, intenté ver más allá de lo que él deseaba mostrarme, lo conseguí. Entré por su mirada y me apoderé de su cuerpo, ahora manejado por mi mente. Me acomodaba a mi nuevo ser y de pronto sentí a miles de kilómetros su presencia, un cazador furtivo me buscaba, fui capaz de oler su ropa a una distancia incalculable. Mi instinto me impulsó a correr con todas mis fuerzas, no podía perder mi segunda oportunidad.
Escondido entre los pocos árboles de la preciosa Rusia invernal, observaba como aquel extraño hombre examinaba las huellas que habían dejado mis pasos. No logró encontrarme, pero yo a él, sí. Me lancé sobre su pecho empujándolo al suelo, no pudo escapar de mí, solo con morder su cuello reventando la Orta murió, dejando aquel precioso manto blanco bañado en sangre y una presa fácil para los animales más cómodos. Me marché sin dejar rastro, feliz por mi derrota, ya nada me importaba, el corazón del tigre ahora era mío, me pertenecía, por lo tanto solo latía por una sola razón, el odio.
Apoderado de un ser que no me correspondía, me escabullía del frío aunque mi pelaje me ayudaba a no congelarme. El rugido de mi estómago no me dejaba descansar y quería borrar de mi mente la opción de tener que volver a matar para alimentarme, pero no pude. Mi instinto animal era más fuerte que yo, así que me levanté y fui en busca de comida. Una liebre se atravesó en mi camino y no me quedó más remedio que correr tras ella negándole la posibilidad de seguir viviendo. Me causaba repulsión saber que me estaba comiendo a un ser crudo y que disfrutaba mientras lo hacía, pero a la misma vez me satisfacía saber que era más fuerte que muchos otros seres y capaz de vencerles en cualquier momento.
Con el estómago lleno, quise examinar el paisaje, encontrarme con algunas sorpresas. Mientras caminaba con el alma tranquila me adentré en el bosque sin darme cuenta, y llegué hasta un lugar muy particular. Una pequeña casa en medio de la nada, sin apenas mostrar el más mínimo suspiro de vida me llamó la atención, pero vencí la curiosidad y opté por dar media vuelta y dejar aquel asentamiento sin explorar.
El Sol caía lentamente, observaba como los pocos animales de los alrededores se iban a dormir, yo, en cambio tomé la decisión de quedarme observando tal capricho de la naturaleza. Era todo tan perfecto, la Luna parecía enamorarse del Sol y quererle más cada día y el Sol correspondía poco a poco a su amor.
Tanta belleza me deslumbraba, era incapaz de comprender porque cada rayo de luz desaparecía dejando lugar a las estrellas, chispas de verdad que dejaban, un cielo oscuro con vida. Bajé el cuerpo recostándome sobre mis patas, cerré los ojos y me quedé profundamente dormido.
De pronto una extrañe sensación me invadió, sentía demasiado frío, mi cuerpo comenzó a elevarse suavemente, poco a poco mis patas traseras se estiraban, el pelo desaparecía por completo, infinidad de cristales de colores rodeaban mi cuerpo, una mezcla de viento y brisa me acompañaban ante tal cambio, hasta que pude darme cuenta de que…
se ha muerto de hambre??? va a empezar a soñar??? puff como acaba??
ResponderEliminarnoo muere xD! nooo sueñaa xD...
ResponderEliminarmañana publico el segundo capitulo ;)